El área nuclear argentina vuelve a quedar en el centro de la polémica. Esta vez, las denuncias sindicales y los cuestionamientos internos podrían comprometer la gestión de Guido Lavalle, quien hasta fines del año pasado habría concentrado dos cargos clave dentro del esquema estatal energético.
Lavalle se desempeñó como presidente de la
La Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) denunció el supuesto desvío de $3.863 millones que habrían estado presupuestados para el pago de salarios de la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), ubicada en Arroyito, Neuquén. Esos fondos, según el planteo sindical, tendrían como destino la empresa ENSI, responsable del mantenimiento de la planta.
El secretario general de ATE, Rodolfo Aguiar, aseguró que el gremio contaría con documentación que respaldaría el presunto faltante. De comprobarse, el episodio podría tener consecuencias administrativas y eventualmente judiciales, en un sector estratégico para el desarrollo energético del país.
Durante ese período, además, se habrían intensificado las tensiones gremiales. Desde el sindicato señalaron congelamiento salarial y falta de recomposición de ingresos, en un contexto donde el manejo de los recursos quedó bajo sospecha.
En paralelo, surgieron versiones sobre la contratación del ingeniero Emerico Stengel como asesor financiero de Lavalle en NASA. Stengel, con trayectoria en el sector bancario —fue CEO del Banco Supervielle e integró directorios de InvertirOnline y otras firmas del grupo— habría sido incorporado en junio de 2025 y su vínculo se habría extendido hasta diciembre.
Sin embargo, fuentes del sector indicaron que el asesor no habría desarrollado tareas habituales dentro de la empresa durante ese período. Incluso se deslizó que nunca habría concurrido físicamente a la compañía, lo que abrió interrogantes sobre la naturaleza y efectividad de su contratación.
Si estas versiones se confirmaran, el caso podría transformarse en un nuevo escándalo por presuntos “ñoquis” dentro del Estado, en una de las áreas más sensibles del aparato público.
Lavalle es ingeniero nuclear egresado del Instituto Balseiro. En ese mismo ámbito se formó Demian Reidel, actual presidente de NASA y figura promovida por el presidente
Reidel quedó al frente del relanzamiento del sector con la mira puesta en posicionar a la Argentina como proveedor de energía para proyectos de alto consumo, como centros de datos vinculados a la Inteligencia Artificial. No obstante, en las últimas semanas también fue mencionado en investigaciones periodísticas por su situación financiera personal y por el proceso de licitación para la eventual venta del 44% del paquete accionario de Nucleoeléctrica, habilitado por la Ley de Bases.
El propio Reidel utilizó redes sociales para responder a algunas acusaciones y minimizar versiones que circularon sobre su figura.
Mientras tanto, las denuncias que rozan a la CNEA y a NASA continúan bajo seguimiento sindical y político. Por ahora, se trataría de presentaciones y declaraciones que deberán ser evaluadas por las autoridades competentes.
Sin embargo, de avanzar las investigaciones y comprobarse las irregularidades señaladas, el impacto podría ser profundo en un sector que maneja miles de millones de pesos y que resulta clave para el futuro energético del país.
En un contexto de ajuste y control del gasto público, la pregunta que empieza a sobrevolar es incómoda: ¿hubo desmanejos en el corazón del plan nuclear argentino o se trata de una pulseada política en un área de alto voltaje? Por ahora, todo parece estar en potencial. Pero la presión crece.