Opinión
Mimi Dominici

El sistema que lucró y arruinó familias está por caer

Desde mi trabajo de campo, recorriendo tribunales, escuchando testimonios y entrevistando durante años a víctimas de falsas denuncias y víctimas colaterales de ese infierno abuelos separados de sus nietos, tíos borrados de la vida familiar, hijos obligados a crecer lejos de uno de sus padres hay una frase que se repite con una crudeza devastadora: “No hay nada peor que ser acusado de algo que no hiciste”. Y detrás de cada una de esas historias aparece siempre el mismo mecanismo. El mismo circuito. El mismo carancheo judicial. Abogados caranchos, psicólogas caranchas y operadores enquistados en un sistema que convirtió el dolor humano en una industria millonaria. Se va a caer. Se va a caer el gran negociado del siglo. Porque ya no pueden ocultar más la maquinaria que durante años destruyó vidas enteras mientras algunos se llenaban los bolsillos.

Nadie discute que existen mujeres verdaderamente golpeadas, abusadas y aterradas que necesitan protección urgente. Esa lucha fue justa y necesaria. Pero lo que hicieron después con esa lucha es obsceno. La transformaron en un negocio. Un negocio sostenido por el miedo, por la extorsión emocional y por un sistema judicial atravesado por una mirada ideológica donde muchas veces el relato vale más que la prueba. Y mientras las verdaderas víctimas esperan ayuda real, hay quienes facturan con expedientes armados, con denuncias direccionadas y con familias enteras destruidas. Según una fuente consultada vinculada a investigaciones judiciales en curso, algunos informes psicológicos denunciados recientemente calcados, copiados textualmente, repetidos palabra por palabra se habrían comercializado entre 1500 y 5000 dólares cada uno. Los descubrieron justamente por eso: porque ni siquiera tuvieron el cuidado de cambiar el texto. El mismo diagnóstico. La misma narrativa. El mismo libreto. Todo parte del mismo carancheo de organizaciones que se expande por todo el país como una red silenciosa de impunidad, que dicen defender a las victimas, pero se esta descubriendo que no es asi.

Se va a caer la mafia de los abogados caranchos. Se va a caer la mafia de las psicólogas caranchas. Se va a caer el negocio de quienes usan causas sensibles para enriquecerse mientras arruinan vidas. Porque esto no termina en un expediente: termina en hombres destruidos, en niños quebrados psicológicamente, en padres que pasan años sin abrazar a sus hijos, en familias enteras condenadas socialmente antes de que exista una sola prueba. Y mientras esas personas venden autos, hipotecan casas y quedan económicamente devastadas intentando defenderse, otros hacen fortuna alrededor del conflicto. Cambian abogados porque no hacen nada. Se endeudan para sobrevivir. Y del otro lado, quienes viven de este sistema salen desesperados a repetir que las falsas denuncias “son mínimas”, “son excepcionales”, “son el 0,001%”. Claro que lo dicen. Porque no quieren que se les caiga el negocio. Porque no les importa el dolor ajeno. No les importa una mujer realmente golpeada. No les importa un niño destruido emocionalmente. Lo único que les importa es seguir recaudando plata.

Y hay algo más grave todavía: mientras el Estado destina millones a estructuras vinculadas al género, las verdaderas víctimas muchas veces siguen desprotegidas, atrapadas con sus agresores, abandonadas psicológicamente y sin respuestas reales. Porque el sistema dejó de enfocarse en proteger para empezar a recaudar. Se construyó una enorme estructura política, judicial y económica alrededor de la tragedia humana. Por eso hoy la sociedad empezó a despertar. Por eso cada vez más personas hablan. Por eso cada vez más historias empiezan a exponerse públicamente. Y por eso también hay que empezar a hacer preguntas incómodas. Investiguen. Investiguen el patrimonio de cada funcionario, de cada operador, de cada organización que durante años orbitó alrededor de este negocio. Investiguen cuánto crecieron económicamente mientras miles de familias se destruían. Investiguen quiénes se enriquecieron hablando en nombre de las víctimas.

Se va a caer. Se va a caer la gran estafa del siglo. Se va a caer el carancheo en torno al sistema judicial. Se va a caer la industria montada alrededor de las falsas denuncias y del dolor humano. Y cuando finalmente se derrumbe toda esta maquinaria perversa, quedará expuesto algo mucho más terrible: que mientras miles sufrían en silencio, hubo quienes hicieron una fortuna vendiendo pericias calcadas, destruyendo familias y negociando con la desesperación de inocentes.

Lectores: 672

Comentarios

MÁS NOTICIAS