Política
Sillazos por el poder

Crisis y reconfiguración en Unión por la Patria: Kicillof avanza y el kirchnerismo pierde centralidad

El gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof.
El gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof.

La interna dentro de Unión por la Patria dejó de ser un debate silencioso para transformarse en una disputa abierta por la conducción del peronismo bonaerense y el futuro del movimiento nacional. Aunque las tensiones venían acumulándose desde hace tiempo

 distintos sectores coinciden en que el quiebre comenzó a consolidarse en 2025, cuando el gobernador Axel Kicillof decidió avanzar con el desdoblamiento electoral, una jugada que fue interpretada como un desafío directo a la estrategia impulsada por Cristina Fernández de Kirchner y Máximo Kirchner.

Desde entonces, el enfrentamiento interno se profundizó entre los sectores alineados con La Cámpora y los intendentes que comenzaron a respaldar el armado político del gobernador bonaerense. La disputa ya no gira únicamente en torno al liderazgo partidario, sino también sobre qué identidad debe asumir el peronismo en la etapa posterior al ciclo kirchnerista.

En ese escenario, el espacio “Derecho al Futuro”, impulsado por Kicillof, empezó a ganar volumen político dentro de la provincia de Buenos Aires. La estrategia del gobernador apunta a construir una renovación del Partido Justicialista con mayor autonomía territorial y una agenda menos dependiente de la conducción histórica del kirchnerismo.

Uno de los movimientos más relevantes de las últimas semanas fue la consolidación de Julio Alak como figura central del PJ platense, mientras que Kicillof logró fortalecer su influencia dentro del Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires tras una compleja negociación interna que incluyó fuertes tensiones con el sector de Máximo Kirchner.

Inicialmente, el nombre de Alak aparecía como uno de los dirigentes promovidos por el gobernador para conducir el PJ bonaerense. Sin embargo, la resistencia de intendentes vinculados a La Cámpora bloqueó esa posibilidad. Finalmente, y con el respaldo estratégico de Carlos Bianco, Kicillof decidió asumir personalmente un rol central en la reorganización partidaria.

La negociación dejó expuesta una pérdida de influencia del kirchnerismo duro dentro del peronismo. Según distintos dirigentes del espacio, varios gobernadores e intendentes del interior comenzaron a reclamar una renovación en la conducción nacional del PJ, impulsando un esquema menos concentrado en La Cámpora y más abierto a nuevos liderazgos.

Actualmente, dentro del peronismo conviven al menos tres grandes sectores. Por un lado, el kicillofismo, que plantea la necesidad de abrir una nueva etapa política y redireccionar el discurso del movimiento. En segundo término, el kirchnerismo tradicional, que todavía conserva intendencias clave y una estructura electoral importante en la provincia, aunque enfrenta un desgaste progresivo. Finalmente, aparece un espacio más ligado al peronismo federal y doctrinario, representado por dirigentes como Guillermo Moreno y Miguel Ángel Pichetto, quienes proponen “volver a las bases” históricas del justicialismo.

La discusión de fondo atraviesa una pregunta central: cómo reconstruir al peronismo frente al avance político de Javier Milei. Mientras algunos sectores apuestan a una renovación generacional y discursiva, otros defienden la continuidad del liderazgo kirchnerista como principal herramienta de oposición.

Con un Partido Justicialista fragmentado y sin una conducción unificada, el peronismo atraviesa una de las etapas más delicadas de los últimos años, en medio de una pulseada interna que podría redefinir el mapa político opositor de cara a las próximas elecciones.

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