La interna dentro del gobierno nacional volvió a quedar expuesta tras la decisión de excluir a la vicepresidenta Victoria Villarruel de las actividades centrales vinculadas al Tedeum del 25 de Mayo en la Catedral Metropolitana, un gesto político que generó fuertes cuestionamientos dentro de sectores nacionalistas, conservadores y referentes del catolicismo cercanos al oficialismo.
La ausencia de Villarruel en una de las fechas patrias más importantes del calendario institucional no pasó desapercibida. Distintos dirigentes interpretaron la decisión como una nueva señal del distanciamiento entre la vicepresidenta y el círculo más cercano al presidente Javier Milei, especialmente el sector político conducido por Karina Milei.
El malestar se profundizó porque Villarruel es considerada, dentro de La Libertad Avanza, una de las figuras más identificadas con el nacionalismo tradicional y con la defensa pública de los valores vinculados al catolicismo, religión históricamente mayoritaria en la Argentina. Según datos sociológicos y relevamientos religiosos de los últimos años, más del 60% de la población argentina continúa identificándose culturalmente con la fe católica, aunque con distintos niveles de práctica religiosa.
En ese contexto, algunos sectores del oficialismo y dirigentes cercanos a la vicepresidenta consideran que la exclusión del Tedeum tiene un fuerte contenido simbólico y político. “No es solo dejar afuera a una dirigente; es desplazar a una representación institucional y cultural importante dentro del propio gobierno”, señalaron voces cercanas al villarruelismo.
Las diferencias entre Javier Milei y Victoria Villarruel vienen acumulándose desde hace meses. Aunque ambos compartieron fórmula presidencial en 2023, dentro del oficialismo ya nadie niega que existen visiones políticas distintas sobre temas institucionales, relaciones internacionales, defensa, fuerzas armadas y vínculos con la Iglesia.
Mientras el presidente mantiene un perfil confrontativo y disruptivo, Villarruel busca mostrarse con una postura más institucional, ligada al respeto protocolar y a una construcción política más tradicional. Esa diferencia de estilos quedó nuevamente reflejada en las últimas semanas.
Otro punto que alimentó la tensión fue una reciente entrevista televisiva en la que Villarruel respondió sin evasivas sobre la situación interna del gobierno. Consultada por el vocero presidencial Manuel Adorni, la vicepresidenta lanzó una frase que rápidamente tuvo repercusión política: “Somos muchos los que estamos esperando la declaración jurada de Adorni”.
La respuesta fue interpretada como un mensaje directo hacia sectores del entorno presidencial y confirmó un cambio de actitud de Villarruel, quien en las últimas semanas comenzó a responder públicamente críticas y agravios que antes evitaba confrontar.
Cerca de la vicepresidenta aseguran que existe un intento sistemático de desgaste político impulsado desde sectores del propio oficialismo. Sin embargo, destacan que Villarruel continúa manteniendo un perfil institucional y sigue ejerciendo sus funciones dentro del Senado sin romper formalmente con el gobierno.
En paralelo, algunos sectores críticos del mileísmo cuestionan ciertas prioridades del Ejecutivo nacional y señalan contradicciones entre el discurso de austeridad y determinados gastos vinculados a actividades presidenciales, viajes y estrategias comunicacionales. Desde el Gobierno, en cambio, sostienen que la administración mantiene una política de fuerte ajuste fiscal y reducción del gasto público como eje central de gestión.
La exclusión de Villarruel del Tedeum reavivó así las especulaciones sobre el verdadero estado de la relación entre la vicepresidenta y el núcleo duro del poder libertario. Y mientras Javier y Karina Milei buscan consolidar el control político del oficialismo, Villarruel parece decidida a no correrse del escenario institucional ni abandonar el perfil propio que la llevó a convertirse en una figura central dentro de la coalición gobernante.
sad.