La crisis del GNC en La Plata volvió a dejar expuesta una situación que ya no puede ser tomada como un problema pasajero: Camuzzi Gas Pampeana maneja un servicio esencial para miles de vecinos, pero no tiene una oficina de atención directa al público en la capital bonaerense.
La empresa corta, restringe, administra el suministro y condiciona la vida cotidiana de taxistas, remiseros, trabajadores, comerciantes y familias que dependen del GNC para moverse. Pero cuando llega el momento de dar explicaciones cara a cara, no hay ventanilla. No hay mostrador. No hay una sede abierta donde un usuario pueda reclamar, exigir respuestas o al menos ser escuchado.
Camuzzi cerró su histórica oficina de calle 7 entre 57 y 58 durante la pandemia y nunca volvió a normalizar la atención presencial. Desde entonces, el vínculo con los usuarios quedó reducido a teléfonos, oficina virtual, WhatsApp, chatbot y canales digitales. Es decir: una empresa que presta un servicio público en una ciudad capital decidió borrarse del territorio.
El contraste es escandaloso. Otros servicios esenciales sostienen oficinas, delegaciones o espacios de atención donde los vecinos pueden presentar reclamos. Camuzzi, en cambio, parece haberse acostumbrado a operar a distancia, sin costo político, sin exposición pública y sin explicar en la cara de los usuarios por qué una ciudad entera queda otra vez pendiente de si puede o no cargar GNC.
La situación se agravó en los últimos días con nuevas restricciones al expendio en estaciones de servicio de La Plata y la Región. Las colas, la incertidumbre y el malestar volvieron a repetirse. Para muchos trabajadores del volante, no cargar GNC no es una molestia: es perder horas de trabajo, clientes y dinero.
El problema no es solo técnico. Es también político, institucional y de respeto al usuario. Porque una empresa que presta un servicio público no puede comportarse como si administrara un favor privado. Mucho menos en una ciudad donde miles de vecinos dependen de ese suministro para trabajar.
El diputado platense Ariel Archanco ya había reclamado en más de una oportunidad la reapertura de la oficina comercial de Camuzzi en La Plata. También en otro momento, el entonces concejal Cristian Vander había planteado mecanismos para priorizar la carga de taxistas y remiseros durante momentos críticos. Pero hoy el silencio político vuelve a ser llamativo.
Mientras la política discute candidaturas, internas y posicionamientos de cara al 2027, los platenses tienen un problema urgente: no pueden cargar GNC con normalidad y tampoco tienen una oficina de Camuzzi donde exigir respuestas.
La empresa argumenta bajas temperaturas, aumento de demanda y características del sistema. Pero nada explica por qué La Plata sigue sin atención presencial. Nada justifica que una distribuidora de semejante peso opere con semejante distancia frente a una ciudad capital.
Camuzzi no solo debe dar explicaciones por los cortes y restricciones. También debe reabrir una oficina comercial en La Plata de manera urgente. Y si no lo hace, los organismos de control y la dirigencia política deberán dejar de mirar para otro lado.
Porque el problema ya no es únicamente la falta de GNC. El problema es la impunidad de una empresa que corta, restringe, cobra, decide y no da la cara.