Economía y Empresas
Exclusivo de Diario Gran La Plata
Elsztain, IRSA y el shopping de Gonnet: US$220 millones y una pregunta incómoda, ¿quién sale ganando?
15 de Septiembre de 2026
Hay empresarios que hacen negocios con un gobierno. Y hay empresarios que consiguen algo mucho más poderoso: hacer negocios con todos.
Eduardo Elsztain pertenece a esa segunda categoría.
Mientras la política argentina se pelea por etiquetas, modelos y discursos, los grandes grupos económicos parecen jugar otro partido: uno de largo plazo, donde las ideologías duran cuatro años y las inversiones pueden durar décadas.
Elsztain construyó un enorme poder económico alrededor de IRSA, con una fuerte presencia en el negocio inmobiliario y comercial. Patio Bullrich, Alto Palermo, Distrito Arcos y Paseo Alcorta forman parte de una cartera que convirtió a la compañía en uno de los actores centrales del mercado de centros comerciales y desarrollos inmobiliarios argentinos.
Pero el verdadero poder no está solamente en poseer edificios.
Está en decidir qué se construye, dónde se construye y qué territorio se transforma.
Y ahí aparece La Plata.
Gonnet: US$220 millones y una ciudad que cambia de manos
En Gonnet, sobre el Camino General Belgrano, entre las calles 511 y 514, IRSA impulsa un proyecto sobre una superficie de 78.614 metros cuadrados.
El proyecto contempla 116.552 metros cuadrados de usos mixtos: shopping, oficinas, hotel y viviendas. La primera etapa comercial prevé unos 22.000 metros cuadrados y aproximadamente 100 locales.
La inversión anunciada asciende a US$220 millones.
La obra, según la información disponible, ya habría superado el 50% de avance.
No estamos hablando de una esquina ni de un pequeño emprendimiento comercial. Estamos hablando de una operación inmobiliaria capaz de alterar durante décadas el mapa económico, comercial y urbano de La Plata.
Y cuando un proyecto de semejante magnitud necesita del Estado, de sus permisos, de sus decisiones urbanísticas y de su infraestructura, la ciudadanía tiene derecho a preguntar.
¿Quién gana? ¿Quién paga? ¿Qué recibe la ciudad?
Esas preguntas no son ideológicas.
Son democráticas.
El empresario que conversa con todos
En junio de 2022, Axel Kicillof recibió a Eduardo Elsztain para analizar proyectos inmobiliarios y comerciales en territorio bonaerense. Entre los asuntos abordados estuvo el desarrollo de nuevos polos económicos, incluido el proyecto multipropósito de La Plata.
Ahora, desde el ámbito municipal, Julio Alak también aparece en conversaciones con el titular de IRSA para reactivar el megaproyecto.
Y acá aparece la contradicción que debería incomodar a todos.
Un empresario puede atravesar gobiernos de distinto signo político sin cambiar de interlocutor.
Milei, Kicillof, Alak y los distintos gobiernos que pasaron por la Argentina pueden enfrentarse públicamente, pero frente a determinados negocios aparece una realidad mucho más pragmática: el capital no vota cada cuatro años.
El capital espera.
Negocia.
Invierte.
Y permanece.
El verdadero poder no siempre ocupa una banca
La Argentina suele buscar el poder en el Congreso, en la Casa Rosada o en los despachos de los gobernadores.
Pero existe otro poder, menos visible y muchas veces más persistente: el poder económico.
El que controla tierras.
El que controla centros comerciales.
El que participa en grandes desarrollos inmobiliarios.
El que tiene capacidad para movilizar cientos de millones de dólares.
El que puede sentarse frente a un gobernador de un espacio político y, pocos años después, frente a un intendente de otra extracción.
Ese poder no necesita ganar elecciones.
Necesita que sus proyectos sean aprobados.
Y por eso el debate sobre IRSA no debería convertirse en una discusión personal sobre Eduardo Elsztain. Debería ser una discusión sobre el modelo de ciudad y de provincia que queremos construir.
Porque detrás de cada gran emprendimiento hay una pregunta que pocas veces aparece en los folletos de presentación:
¿Quién se queda con el aumento del valor de la tierra cuando una zona entera es transformada por una inversión multimillonaria?
La Plata no puede mirar para otro lado
Los platenses tienen derecho a saber qué condiciones se negociaron.
Qué aporta IRSA.
Qué aporta el municipio.
Qué aporta la provincia.
Qué obras públicas serán necesarias.
Qué impacto tendrá el proyecto sobre el tránsito.
Qué sucederá con los servicios.
Qué consecuencias tendrá sobre los comercios existentes.
Qué beneficios económicos quedarán efectivamente en la ciudad.
Y, fundamentalmente, qué mecanismos existen para garantizar que una inversión privada no termine socializando sus costos mientras privatiza sus beneficios.
Porque si para que un emprendimiento de US$220 millones funcione hay que ampliar caminos, modificar infraestructura, adaptar servicios o realizar inversiones públicas, entonces la discusión deja de ser exclusivamente privada.
También es una discusión sobre el dinero de todos.















